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¿Por qué catalogamos a la gente para menospreciar?

Father David MercerPor el Padre Bernardo Lara

 El otro día estaba viendo un capítulo de “El Chapulín Colorado” en el que trataba de una batalla entre vaqueros y los “pieles rojas”. En este episodio, los nativos americanos invocan la ayuda del Chapulín para que los ayude a matar los vaqueros y poder ganar esa batalla.

Durante el episodio el Chapulín aclara que no va a fomentar matanzas de ningún tipo e insiste en que esa batalla se resuelva con el diálogo. Sin embargo, la trama durante el show gira en que los dos bandos son diferentes, remarcan las cosas negativas del contrario y de que solo uno puede quedarse con el territorio. Siendo un programa de Chespirito es fácil imaginar que el capítulo termina con un final feliz.

Sin embargo, lamentablemente en la vida real no siempre las cosas terminan así.

Me intriga el hecho de que los seres humanos tenemos esta terrible tendencia a catalogar y dividir a los seres humanos de acuerdo al color de la piel, el país de origen, idioma que hablan, estatus económicos y demás.

En lugar de utilizar esos rasgos para acrecentar nuestra dignidad, nuestra diversidad cultural y nuestro entendimiento del ser humano, así como nuestras relaciones humanas, terminamos dividiendo y haciendo menos a los otros. Basta con enterarse de las noticias tanto locales, como nacionales, e internacionales para darse cuenta de esto.

Vemos que, por ejemplo, en Europa cierran las puertas a ciertos grupos de inmigrantes que huyen de las inseguridades de su país. Recientemente escuchamos que un grupo de personas procedentes de Haití están varados en Tijuana y algunas personas de la ciudad ya han comenzado a insultar a los visitantes.

Aquí en Estados Unidos, en estos tiempos de campaña política ni se diga. Un candidato quiere construir muros que divide a las personas basadas en su país de origen, mientras el otro candidato quiere suprimir cualquier derecho a la vida del no nacido.

Además de que los dos candidatos han atacado en distintos modos la libertad religiosa.

Sin embargo, regreso al punto del principio: ¿Por qué catalogamos gente para menospreciar? Estaba viendo hace un tiempo en un canal de animales (el cual no recuerdo cual fue) un reportaje en el que decía que algunos animales que comúnmente son rivales, en un tiempo de crisis no se atacarían unos a otros. Por ejemplo, en una inundación, el león sería capaz de estar junto a la cebra sin comérsela necesariamente. Reitero la pregunta, ¿Por qué?- ¿Por qué el animal es capaz de mostrarse más “fraterno” que aquel que fue hecho a imagen y semejanza de Dios?

El Cardenal Stanislaw Dziwisz, quien fuera el secretario de San Juan Pablo II por casi 40 años, escribió en su libro “A Life With Karol: My Forty-Year Friendship with the Man Who Became Pope”, que “la cultura es la base integral del desarrollo de la persona”. Más aun dice que para San Juan Pablo II la cultura hace al hombre “más humano”. Entonces, ¿Por qué menospreciamos?

Hablando de culturas, estamos por celebrar en el mes de noviembre el “Día de Muertos”, fecha en el que recordamos de una manera especial a nuestros familiares y amigos que se nos han adelantado.

Sin embargo, este debe ser también un recordatorio que las divisiones que usamos para marcar son terrenales y que después de la muerte lo que importará son nuestras acciones, no nuestro país de nacimiento, nuestro idioma, nuestra color de piel o nuestra posición económica. Todos somos hijos adoptivos de un mismo Dios que nos ama por igual.

No hay que aferrarnos a dividir y menospreciar. Al contrario hay que valorar, respetar, aprender, evangelizar y amar al prójimo venga de donde venga. En el Evangelio de hace unas semanas, el domingo 28 del Tiempo Ordinario, vimos que Jesús curó a 10 personas enfermos de lepra y uno de ellos (remarca el Evangelio) era Samaritano. Aun cuando existía esta división entre los dos lados, aun cuando existía este odio entre Judíos y Samaritanos, un judío curó a un Samaritano y el Samaritano regresó a darle las gracias.

Si el león es capaz de estar junto a la cebra en un tiempo de crisis, ¿por qué el ser humano no? A final de cuentas, bien lo dice el libro de Proverbios: “El rico y el pobre tienen esto en común: Dios hizo a uno y a otro”.

El padre Bernardo Lara es pastor asociado de la parroquia Corpus Cristi de Chula Vista.

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